Fundamentos para transformar ingredientes antes de su cocinado final
Antes de saltear, hervir, asar o guisar, muchos ingredientes requieren una preparación previa. Estas técnicas no solo mejoran la textura y el sabor, también eliminan impurezas, fijan colores, facilitan la cocción y prolongan la conservación. Son pasos esenciales en la cocina profesional y doméstica que marcan la diferencia entre un plato correcto y uno excelente.

Blanqueado
Consiste en cocer brevemente un alimento en agua, leche o una mezcla aromática, y luego enfriarlo rápidamente.
Objetivos: eliminar impurezas, suavizar sabores intensos, fijar color, preparar para cocción posterior.
Aplicaciones: casquería, verduras blancas, carnes suaves, alcachofas.

La “blanqueta” es una variante específica de esta técnica, que emplea líquidos enriquecidos para proteger, suavizar o aromatizar ciertos productos.
Blanqueta clásica (agua, leche, nata)
Se utiliza para productos delicados como verduras blancas, carnes suaves o casquería. La mezcla de agua con leche o nata ayuda a suavizar sabores intensos y a mantener el color claro del alimento. Es común en preparaciones previas a guisos blancos o salsas suaves.
Blanqueta para alcachofas
Una de las más conocidas. Se prepara con agua, harina (para evitar oxidación), hierbas aromáticas y un ácido (limón o vinagre). Esta mezcla protege las alcachofas del oscurecimiento y mantiene su textura firme. También puede incluir leche para suavizar el sabor.
Se emplea para carnes blancas o vísceras. Incluye agua, leche o nata, junto con hierbas como laurel, tomillo o perejil. A veces se añade cebolla o ajo para reforzar el sabor. Se usa especialmente en cocina francesa para preparaciones como la blanquette de veau.
Blanqueta vegetal
Indicada para verduras como coliflor, puerro o apio. Se puede hacer solo con agua y leche, o añadir harina y ácido si se busca evitar oxidación. Ideal para fijar el color y suavizar la textura antes de salteados o gratinados.
Blanqueta de casquería
Para productos como callos, lengua o sesos. Se parte desde agua fría con leche y aromáticos. El objetivo es eliminar impurezas, suavizar olores y preparar el producto para una cocción posterior más prolongada.
Estas variantes pueden adaptarse según el ingrediente y el tipo de preparación.
Estas técnicas no son solo pasos intermedios: son parte del alma del plato. Aplicarlas con intención permite que cada ingrediente llegue a su máximo potencial.
Yolanda Infante Garrido
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