1.1.1-La fruta y los frutos secos: cómo y cuando usarlos en tus platos.

Un viaje por su origen, valor nutricional y usos gastronómicos:

La relación entre el ser humano y los frutos de la tierra es tan antigua como la humanidad misma. Desde hace más de 780.000 años, los frutos secos y frutas formaban parte de la dieta de los primeros antepasados del hombre, quienes los recolectaban en su entorno natural como fuente de energía, fibra y nutrientes esenciales.

Civilizaciones como la egipcia, la griega y la romana consideraban los frutos secos alimentos energéticos y simbólicos. Se ofrecían como tributo a los dioses y se utilizaban en rituales funerarios. La nuez, la almendra y la avellana aparecen en yacimientos arqueológicos, lo que demuestra su importancia como alimento desde la prehistoria.

En la Edad Media, eran ingredientes clave en la cocina monástica y en la medicina tradicional por sus propiedades reconfortantes.

Las frutas también han tenido un papel destacado en la historia. En la mitología griega, la manzana simbolizaba el amor y la discordia. En la tradición judeocristiana, el fruto prohibido representa el conocimiento.

El cultivo de frutales como el manzano, el peral y el melocotonero comenzó en Asia y Europa hace miles de años, y su cultivo se expandió con las rutas comerciales y las migraciones humanas.

En América, frutas como el aguacate, la papaya y el mango fueron cultivadas por civilizaciones precolombinas, que las integraron en la medicina, cocina y cosmética.

Con el descubrimiento de nuevos continentes y el auge del comercio marítimo, frutas y frutos secos viajaron por el mundo. La ruta de las especias y la colonización introdujeron frutas tropicales en Europa y frutos secos mediterráneos en América.

En el siglo XX, la industrialización permitió la conservación y distribución masiva de frutas desecadas y frutos secos, consolidándolos como ingredientes versátiles en la cocina global.

Reflexión: Latifundios y sostenibilidad en frutas y frutos secos

A lo largo de la historia, los frutos secos y las frutas han sido símbolos de energía, cultura y comercio. En el siglo XXI, sin embargo, su producción enfrenta un dilema importante: el poder de los grandes latifundios frente a la necesidad de preservar la sostenibilidad de los territorios.

Los latifundios, con su capacidad de concentrar tierras y recursos, han impulsado un modelo de producción intensiva que busca maximizar el rendimiento y dominar los mercados internacionales. Aunque eficiente en términos de volumen, este modelo genera tensiones sobre el suelo, el agua y la biodiversidad.

El monocultivo de almendros, nogales o aguacates transforma paisajes enteros en sistemas homogéneos, debilitando la estabilidad ecológica y aumentando la dependencia de recursos externos.

La sostenibilidad del territorio, en cambio, propone otras formas: diversificar cultivos, respetar los ciclos naturales y valorar el producto local como parte de una economía más equilibrada.

La tensión entre ambos modelos no es solo agrícola, sino también social. Mientras los latifundios concentran poder económico y político, la agricultura sostenible busca redistribuirlo, fortaleciendo a pequeños productores y comunidades rurales.

La cocina con propósito, al valorar el origen de los alimentos y la forma en que se producen, te sitúa como consumidor en la reflexión sobre las relaciones de poder que hay entre la tierra y el cultivo.

Consumir, comprar…es una llamada a la conciencia: pensar en el equilibrio, la producción, la sostenibilidad, la abundancia y el cuidado del territorio. Cada elección en la cesta de la compra, puede contribuir a preservar la diversidad, fortalecer a las comunidades y asegurar un futuro más justo para quienes producen y para quienes consumen.

Este recorrido histórico complementa el enfoque nutricional y gastronómico.

Estos alimentos han sido esenciales en la evolución humana, no solo como sustento, sino como expresión cultural y espiritual.

La fruta es el resultado del desarrollo del ovario de una flor tras la fecundación. En ella se alojan las semillas, y a menudo colaboran en su formación el cáliz, el receptáculo floral y otros órganos.

Las frutas son esenciales en la alimentación humana: aportan vitaminas, minerales, fibra, azúcares naturales como la fructosa, y son bajas en grasas.

Los frutos secos, por su parte, son semillas con menos del 50% de agua.

Ricas en grasas saludables, proteínas vegetales y minerales como magnesio, potasio y calcio.

Aunque son energéticos, su alto poder saciante y su perfil nutricional los convierte en aliados de una dieta equilibrada.

Fruta fresca, desecada y frutos secos

  • Fruta desecada: al eliminar el agua, se concentra su valor calórico. Son ricas en aminoácidos, minerales y grasas insaturadas beneficiosas.
  • Frutos secos: base de la cocina dulce y salada. Aportan textura, sabor y proteínas esenciales, especialmente en dietas vegetarianas.

Clasificación gastronómica: frutas y frutos secos

TipoCaracterísticasEjemplos
Frutas de huesoSemilla grande, cáscara dura; contiene muchos azúcares.Melocotón, ciruela, cereza
CítricosSabor característico; digestivos; ricos en vitamina C; modifican el pH de otros alimentos.Naranja, limón, mandarina
InfrutescenciasFrutos que surgen de un grupo de flores. Delicados. Aportan dulzura con un toque ácido.Piña, higo, frutas del bosque
Frutas de semillaSemillas pequeñas, pulpa acuosa. Aportan sabor, olor, color y textura. Ricas en pectinas.Manzana, pera, kiwi
Frutas tropicalesClimas cálidos y húmedosMango, papaya, chirimoya
CucurbitáceasPlantas rastreras, dulces y acuosasMelón, sandía
Frutos secosSemillas grasas, baja humedadAlmendra, nuez, pistacho

Usos culinarios de la fruta

Frutas del bosque
Ideales para salsas de carne con toque ácido (pato con frutos rojos, cerdo con arándanos). También funcionan en chutneys y vinagretas para ensaladas templadas.

Cítricos (naranja, limón, lima, pomelo)
Aromatizan, equilibran el pH y son digestivos. Se usan en marinadas, escabeches, ceviches, cremas frías, y como toque final en pescados y verduras asadas.

Frutos secos (nueces, almendras, avellanas, pistachos)
Protagonistas en repostería, ensaladas, salsas y platos veganos. Aportan textura, grasa saludable y sabor tostado. Ejemplo: salsa romesco, pesto de nuez, rellenos de verduras.

Manzana y pera
Se asan, se guisan, se saltean. Funcionan en platos salados (cerdo con manzana, foie con pera), en cremas (manzana con chirivía), y como base de chutneys.

Mango y papaya
En salsas para carnes (pollo con salsa de mango), ceviches, ensaladas tropicales, y como contrapunto dulce en platos especiados. También en batidos y cremas frías.

Piña
Asada, en brochetas, en guisos agridulces, o como base de salsas para cerdo y pollo. También en pizzas, aunque tu decidirás si eso es sacrilegio o no.

Plátano y banana
En curry, en tempura, como base de masas veganas, o en rellenos dulces-salados. También en chips para acompañar platos latinos.

Uvas y higos
Salteadas con mantequilla para acompañar carnes, en ensaladas con queso azul, o en rellenos de hojaldre. También en compotas para quesos.

Granada
En ensaladas, salsas frías, o como topping crujiente en platos de cuchara. Aporta acidez y textura.

Kaki, melocotón, ciruela
Asados, en salsas para carnes, en rellenos de empanadas, o como base de mermeladas con especias. Funcionan bien con vinagre balsámico y hierbas frescas.

Consumir frutas y frutos secos en su temporada garantiza sabor, frescura y valor nutricional óptimo. ¿¿Qué toca comer??

Conocer el origen, la estructura y el momento ideal para consumir frutas y frutos secos nos conecta con la tierra, con la cocina consciente y con el bienestar. Son más que ingredientes: son símbolos de salud, tradición y creatividad.

Yolanda Infante Garrido

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