El tomate es mucho más que un ingrediente. Es color, frescura y memoria. En Girasoles, lo miramos con cariño, porque sabemos que cocinar también es conectar con lo que la tierra nos da.
Es memoria de veranos lentos, de huertos vivos, de sabores que ya no siempre están. Memoria que puede que las próximas generaciones no puedan utilizar, porque el sabor ya no viene de serie. Ahora, los payeses y agricultores cercanos tienen excedente, y puede que sea el momento de visitarles, de escucharles, de apoyarles. Porque el sabor del tomate está cambiando, y lo que aún conserva verdad merece ser compartido. Antes de que lo conviertan en otra salsa sin alma.

El tomate fruto por ciencia, verdura por costumbre
Y por si alguien aún lo duda: el tomate es un fruto, no una hortaliza. Lo dice la botánica, aunque la cocina insista en tratarlo como verdura. Técnicamente, es el ovario maduro de la flor, con semillas y todo. Pero claro, como no se pone en macedonia, lo mandamos al cajón de las hortalizas sin más. Cosas del lenguaje y del supermercado.
Tomates en abundancia: una escena común al final del verano
La campaña de tomate de este año ha sido especialmente generosa en muchas regiones españolas. Las condiciones climáticas favorables y el esfuerzo de los pequeños agricultores han dado lugar a cosechas que superan las previsiones iniciales. Al finalizar la temporada, es habitual encontrar excedentes: tomates frescos, sabrosos y accesibles que llenan los mercados locales y los huertos familiares.
Esta abundancia estacional no es exclusiva de una zona. En Cataluña, por ejemplo, la producción ha superado las 35.000 toneladas, y muchos productores están ofreciendo directamente su cosecha a precios justos. Es una oportunidad para reconectar con el territorio, apoyar la agricultura de proximidad y disfrutar de productos en su mejor momento.
Si vives en otra comunidad, te animamos a consultar los datos locales o acercarte a los agricultores cercanos. Comprar directamente no solo es una forma de acceder a alimentos frescos, sino también de fortalecer el tejido rural y valorar el trabajo que hay detrás de cada tomate.
Fuentes verificadas que respaldan esta situación:
- Ministerio de Agricultura – Informe hortícola 2023/2024 y previsiones 2024/2025 (PDF)
- Agroauténtico – El II Congreso Tomeet mide el valor del tomate en España
- La Gaceta – Cae la producción de tomate español un 30% (con matices regionales)
Lo que confirman las fuentes oficiales y periodísticas

- Cataluña ha tenido una campaña de tomate especialmente abundante, con más de 35.000 toneladas producidas, según estimaciones del sector y datos recogidos por medios como La Gaceta y Agroauténtico.
- Muchos pequeños agricultores están ofreciendo excedentes a precios accesibles, especialmente en mercados locales y canales de venta directa. Esta tendencia se observa también en Extremadura, Andalucía y Murcia.
- El Ministerio de Agricultura confirma un aumento en la superficie cultivada al aire libre, lo que ha contribuido a la sobreproducción en algunas zonas. Esto aparece en su informe técnico de previsiones 2024/2025.
- El Congreso Tomeet 2025 destaca la necesidad de mejorar la planificación comercial y la transformación del excedente, para evitar pérdidas económicas y desperdicio alimentario.
Razones para comer tomate
El tomate es rico en vitamina C, A, K, potasio y licopeno, un antioxidante poderoso que ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, cuidar la piel, regular la presión arterial y fortalecer el sistema inmune. Además, tiene pocas calorías y mucha fibra, lo que lo convierte en un aliado para comer con ligereza y saciedad.

El precio sube, el sabor se pierde
En septiembre de 2025, el precio del tomate en España se mueve entre 0,57 € y 1,68 € por kilo, dependiendo de la variedad y el punto de venta. Los tomates de ensalada han subido casi un 55% desde 2021. A pesar de esta subida, una gran parte de la producción nacional termina en la industria alimentaria, lo que significa que no se vende como tomate fresco en mercados o tiendas, sino que se destina a la elaboración de productos procesados: salsas industriales, conservas, zumos, purés o platos preparados. Este destino suele implicar precios más bajos para el agricultor y una pérdida del sabor original para el consumidor final; es decir el tomate que no llega a tu mesa con sabor, llega en formato tubo, tetrabrik o topping genérico.

Cada tomate, su momento: usos y variedades en cocina

Cada tipo de tomate tiene su carácter y su momento en la cocina. El corazón de buey es grande, carnoso y con pocas semillas, ideal para comer en crudo, en ensaladas con aceite suave o como base de carpaccios vegetales.
El raf es dulce y con sabor intenso, perfecto para comer solo con sal, en tostadas o como protagonista de platos sencillos.
El cherry es pequeño y jugoso, útil en ensaladas, salteados rápidos o como snack saludable. También se pueden confitar o secar.

El tipo pera es firme y con buena textura, muy útil para hacer conservas, salsas caseras o tomate rallado para congelar.
El tomate de ensalada es versátil y accesible, va bien en platos frescos, gazpachos, salmorejos o como base para rellenos.
Al elegirlos, fíjate en que estén enteros, limpios, con piel uniforme y sin manchas. Evita los que tengan podredumbre, daños por frío o estén demasiado verdes, ya que no completarán su maduración; aunque algunos supermercados insistan en venderlos como «listo para consumir».

Del huerto a la despensa: sabores que se quedan
Ahora que acaba la temporada, es el momento perfecto para conservar, hacer salsas caseras, congelar en porciones o preparar tomate rallado para tener todo el otoño. También puedes secarlos al sol o en horno bajo, para usar en ensaladas, panes o guisos. Otra opción es fermentar, creando chutneys o conservas con especias suaves. Y si tienes excedente, regala o intercambia. El tomate también puede ser vínculo.
Cuando septiembre se apaga, el sabor se guarda
Además del tomate, hay otras hortalizas y frutas que están finalizando su temporada y presentan excedente en mercados locales y huertos de proximidad.
El calabacín se puede usar en cremas, salteados o rellenos, y conservar congelado en rodajas o en puré.
El pepino es ideal para ensaladas, gazpachos o encurtidos, y se conserva bien en vinagre.

El pimiento rojo funciona asado, en sofritos o rellenos, y puede congelarse en tiras.

El melón y la sandía son perfectos para postres, batidos y ensaladas frescas, y se pueden congelar en cubos o trozos.

El higo se presta para mermeladas, tostadas y ensaladas, y se conserva bien seco o en compotas suaves.
La berenjena es versátil en escalivadas, guisos y rellenos, y puede asarse y congelarse en porciones.
La uva se puede usar en postres, panes y ensaladas, y conservar congelada o deshidratada.
Sembrar sabor, conservar memoria
Muchos de estos productos están disponibles en mercados de proximidad o directamente en huertos familiares. Si tienes la oportunidad, visita a los productores locales: es una forma de cuidar el sabor, el vínculo y la economía cercana. Y de paso, recordar que la comida no nace en bandejas de poliestireno.



En Girasoles, creemos que cocinar con sentido es aprovechar lo que hay, sin prisa y con afecto. Si quieres que hablemos de alguna variedad en especial, o tienes dudas sobre cómo conservar mejor, déjalo en los comentarios. Y si ves algún fallo, también: este espacio lo construimos juntos.
Seguimos sembrando. Aunque a veces nos den ganas de plantar tomates en las puertas de los supermercados, solo por ver que pasa.

Puede ser un buen momento para no solo acercarnos a productos que en temporada son intocables, por el precio; hagamos una dieta unos días y llenemos la despensa para poder degustarlos por un tiempo. Porque si el sabor está en peligro de extinción, al menos que nos pille con el congelador lleno.
Yolanda Infante Garrido
Entra en métodos de conservación, verás que conservar no solo es guardar en la despensa.
